PORQUE SE DUERMEN TUS MANOS

Por lo general, no nos tenemos qué alarmar si de repente se nos duermen las manos o cualquier otra zona del cuerpo. La mayor parte de las veces ocurre cuando presionamos un nervio sensitivo durante un tiempo. El tiempo que tarda ese nervio en volver a funcionar es lo que percibimos como un hormigueo.

De hecho, probablemente más de una mañana te habrá sucedido con alguno de los brazos por haber dormido sobre él sin darnos cuenta, pero al rato de despertar el entumecimiento desaparece sin más consecuencias. A este tipo de hormigueo, donde la sensación viene y se va al cambiar de postura y/o al movilizar la zona afectada, se le conoce como parestesia temporal o transitoria.

Pese a ser una dolencia bastante común, que llega a afectar hasta a un 3% de la población general, si te sucede con frecuencia, entonces debes estar alerta. Podrías estar frente a un caso de parestesia crónica, que no es más que un síntoma de alguna variedad de desórdenes neurálgicos o puede existir a raíz de una lesión nerviosa especialmente traumática.

Antes de conocer algunas de las principales causas de la parestesia crónica, es bueno primero entender el proceso del cómo sucede.

Hay nervios por todo el cuerpo con la única función de transmitir información entre el cerebro, la médula espinal y el resto del cuerpo y viceversa.

Como mencionamos en la introducción, al pisar con tu peso o algo externo alguna parte del cuerpo por un tiempo determinado, el cerebro deja de percibir o disminuye la información que debería provenir de ese sector. Además, también se ve afectado el flujo sanguíneo por esta zona con lo que no llega suficiente oxígeno a las células.

Según un estudio realizado en 1946 por G. Weddel y D. C. Sinclair de la Universidad de Oxford, tras uno o dos minutos de presión y prolongandose hasta por tres a cuatro minutos, existe una primera etapa dentro de la parestesia a la que llamaron “hormigueo de comprensión”. En esta etapa los participantes del estudio comunicaban que sentían «una ligeramente agradable sensación de agua con gas», un «zumbido» o un «suave cosquilleo».

Tras diez minutos, la segunda etapa o “suave adormecimiento”, entra en acción. Esta sensación se continuará mientras se mantenga la presión sobre el nervio y la irrigación sanguínea.

La “liberación del pinchazo” es la tercera etapa de la parestesia y suele ser descrita también como “alfileres y agujas”.

Según George Gordon, en otro estudio publicado en la revista Nature en 1948, «la intensidad y el número de pinchazos dependen de la longitud del nervio que se está recuperando de cualquier período fijo de disminución del suministro de sangre». «Ninguna parte en particular de un nervio está especialmente ocupada de generar los impulsos que dan lugar a este tipo de ‘alfileres y agujas'», acotó además G. Gordon.

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